📖✨ El Evangelio del Domingo: Un Encuentro Especial con Dios 🙏🌟
El domingo es un día sagrado, un momento especial en el que nos reunimos como comunidad para escuchar la Palabra de Dios y dejarnos guiar por su amor infinito. El Evangelio del Domingo es un regalo que nos invita a detenernos, reflexionar y renovar nuestra fe.
En medio de nuestras ocupaciones diarias, el domingo nos brinda la oportunidad de hacer una pausa y volver la mirada al Señor. Es un día para recargar el alma, encontrar consuelo en su mensaje y fortalecer nuestro compromiso de vivir según su voluntad.
Cada Evangelio dominical nos trae una enseñanza profunda que ilumina nuestro camino. A través de las palabras de Jesús, encontramos respuestas a nuestras dudas, aliento en las pruebas y dirección en nuestra vida. Su mensaje nos llama a la conversión, al perdón y al amor sincero hacia los demás.
El Evangelio del Domingo también nos recuerda la importancia de la comunidad. Juntos, como hermanos en la fe, celebramos la Eucaristía y nos alimentamos del Pan de Vida. Es un momento de comunión con Dios y con nuestros hermanos, una oportunidad para crecer en la unidad y en el servicio mutuo.
Que cada domingo sea una ocasión para abrir el corazón a la Palabra de Dios y permitir que transforme nuestra vida. Que el Evangelio nos inspire a ser testigos de su amor y a compartir con alegría la luz de Cristo.
Hoy es un día perfecto para dejarse iluminar por Su Palabra. ¡Que el Evangelio del Domingo sea una bendición para ti y para todos aquellos que lo escuchan con un corazón abierto! ✝️✨📖
Calendario litúrgico de Domingo
Domingo: V Domingo Ordinario
Lecturas y Evangelio de hoy
Primera lectura :
Isaías 58, 7-10
Segunda lectura:
1 Corintios 2, 1-5
Aclamación antes del Evangelio:
Juan 8, 12b
Evangelio:
Mateo 5, 13-16
Color litúrgico: Verde
domingo, 8 de febrero de 2026: Lectura & Salmo Responsorial & Evangelio & Reflexión
Primera lectura
Isaías 58, 7-10
Esto dice el Señor:
"Comparte tu pan con el hambriento,
abre tu casa al pobre sin techo,
viste al desnudo
y no des la espalda a tu propio hermano.
Entonces surgirá tu luz como la aurora
y cicatrizarán de prisa tus heridas;
te abrirá camino la justicia
y la gloria del Señor cerrará tu marcha.
Entonces clamarás al Señor y él te responderá;
lo llamarás y él te dirá: 'Aquí estoy'.
Cuando renuncies a oprimir a los demás
y destierres de ti el gesto amenazador
y la palabra ofensiva;
cuando compartas tu pan con el hambriento
y sacies la necesidad humillado,
brillará tu luz en las tinieblas
y tu oscuridad será como el mediodía''.
Segunda lectura
1 Corintios 2, 1-5
Hermanos: Cuando llegué a la ciudad de ustedes para anunciarles el Evangelio, no busqué hacerlo mediante la elocuencia del lenguaje o la sabiduría humana, sino que resolví no hablarles sino de Jesucristo, más aún, de Jesucristo crucificado.
Me presenté ante ustedes débil y temblando de miedo. Cuando les hablé y les prediqué el Evangelio, no quise convencerlos con palabras de hombre sabio; al contrario, los convencí por medio del Espíritu y del poder de Dios, a fin de que la fe de ustedes dependiera del poder de Dios y no de la sabiduría de los hombres.
Aclamación antes del Evangelio
Juan 8, 12b
R. Aleluya, aleluya.
Yo soy la luz del mundo, dice el Señor;
el que me sigue tendrá la luz de la vida.
R. Aleluya.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Ustedes son la sal de la tierra. Si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le devolverá el sabor? Ya no sirve para nada y se tira a la calle para que la pise la gente.
Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad construida en lo alto de un monte; y cuando se enciende una vela, no se esconde debajo de una olla, sino que se pone sobre un candelero, para que alumbre a todos los de la casa.
Que de igual manera brille la luz de ustedes ante los hombres, para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos''.
Reflexión
De nuevo se refiere al mundo, al orbe entero; luz que hay que entenderla en sentido espiritual. Con estas palabras, insiste el Señor en la perfección de vida que han de llevar sus discípulos (San Juan Crisóstomo)
Vosotros, que habéis acogido en vuestro corazón el mensaje salvador de Cristo, sois, pues, sal de la tierra porque habéis de contribuir a evitar que la vida del hombre se deteriore o que se corrompa persiguiendo los falsos valores (San Juan Pablo II)
La fidelidad de los bautizados es una condición primordial para el anuncio del Evangelio y para la misión de la Iglesia en el mundo. Para manifestar ante los hombres su fuerza de verdad y de irradiación, el mensaje de la salvación debe ser autentificado por el testimonio de vida de los cristianos (…) (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2.044)