Cada día es una nueva oportunidad para abrir nuestro corazón a la Palabra de Dios. El Evangelio de hoy no es solo un conjunto de versículos, sino un mensaje vivo que nos habla en lo profundo del alma, guiándonos en nuestro caminar diario.
En medio del ajetreo y las preocupaciones de la vida, la lectura del Evangelio nos brinda un momento de paz, una pausa para reflexionar sobre lo que realmente importa. Es una luz en nuestro sendero, un recordatorio de que no estamos solos y de que Dios nos acompaña en cada paso que damos.
Cuando meditamos en las enseñanzas de Jesús, descubrimos respuestas a nuestras inquietudes, fuerza para nuestras debilidades y amor para nuestro corazón. Sus palabras nos desafían a ser mejores, a vivir con fe, esperanza y caridad. Nos invitan a confiar en la Providencia divina y a encontrar en cada situación una oportunidad para amar y servir.
El Evangelio de hoy también es un llamado a la oración. Al escuchar la voz de Dios, podemos responderle con nuestras palabras, con nuestro silencio y con nuestras acciones. Es un diálogo constante, una relación que crece día a día.
Que cada lectura del Evangelio nos ayude a transformar nuestro corazón y nos inspire a llevar la luz de Cristo a quienes nos rodean. Que podamos vivir con la certeza de que, sin importar las dificultades, Dios nos sostiene con Su amor infinito.
Hoy es un día perfecto para dejarse iluminar por Su Palabra. ¡Que el Evangelio de hoy sea una bendición para ti y para todos aquellos que lo escuchan con un corazón abierto! ✝️✨📖
Calendario Litúrgico
Hoy: V Domingo Ordinario
Lecturas y Evangelio de hoy
Primera lectura :
Isaías 58, 7-10
Segunda lectura:
1 Corintios 2, 1-5
Aclamación antes del Evangelio:
Juan 8, 12b
Evangelio:
Mateo 5, 13-16
Color litúrgico: Verde
Segunda lectura
1 Corintios 2, 1-5
Hermanos: Cuando llegué a la ciudad de ustedes para anunciarles el Evangelio, no busqué hacerlo mediante la elocuencia del lenguaje o la sabiduría humana, sino que resolví no hablarles sino de Jesucristo, más aún, de Jesucristo crucificado.
Me presenté ante ustedes débil y temblando de miedo. Cuando les hablé y les prediqué el Evangelio, no quise convencerlos con palabras de hombre sabio; al contrario, los convencí por medio del Espíritu y del poder de Dios, a fin de que la fe de ustedes dependiera del poder de Dios y no de la sabiduría de los hombres.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Ustedes son la sal de la tierra. Si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le devolverá el sabor? Ya no sirve para nada y se tira a la calle para que la pise la gente.
Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad construida en lo alto de un monte; y cuando se enciende una vela, no se esconde debajo de una olla, sino que se pone sobre un candelero, para que alumbre a todos los de la casa.
Que de igual manera brille la luz de ustedes ante los hombres, para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos''.