Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino

Lecturas de Misa del martes, 10 de febrero de 2026: Memoria de Santa Escolástica, virgen

📖✨ El Evangelio de Hoy 🙏🌟

Un Encuentro Diario con Dios 

 

Cada día es una nueva oportunidad para abrir nuestro corazón a la Palabra de Dios. El Evangelio de hoy no es solo un conjunto de versículos, sino un mensaje vivo que nos habla en lo profundo del alma, guiándonos en nuestro caminar diario. 

En medio del ajetreo y las preocupaciones de la vida, la lectura del Evangelio nos brinda un momento de paz, una pausa para reflexionar sobre lo que realmente importa. Es una luz en nuestro sendero, un recordatorio de que no estamos solos y de que Dios nos acompaña en cada paso que damos. 

Cuando meditamos en las enseñanzas de Jesús, descubrimos respuestas a nuestras inquietudes, fuerza para nuestras debilidades y amor para nuestro corazón. Sus palabras nos desafían a ser mejores, a vivir con fe, esperanza y caridad. Nos invitan a confiar en la Providencia divina y a encontrar en cada situación una oportunidad para amar y servir.

El Evangelio de hoy también es un llamado a la oración. Al escuchar la voz de Dios, podemos responderle con nuestras palabras, con nuestro silencio y con nuestras acciones. Es un diálogo constante, una relación que crece día a día. 

Que cada lectura del Evangelio nos ayude a transformar nuestro corazón y nos inspire a llevar la luz de Cristo a quienes nos rodean. Que podamos vivir con la certeza de que, sin importar las dificultades, Dios nos sostiene con Su amor infinito. 

Hoy es un día perfecto para dejarse iluminar por Su Palabra. ¡Que el Evangelio de hoy sea una bendición para ti y para todos aquellos que lo escuchan con un corazón abierto! ✝️✨📖

 

Calendario Litúrgico

Hoy: Memoria de Santa Escolástica, virgen

Memoria

Lecturas y Evangelio de hoy

Primera lectura : 1 Reyes 8, 22-23. 27-30
Salmo Responsorial: Salmo 83, 3. 4. 5 y 10. 11
Aclamación antes del Evangelio: Salmo 118, 36. 29
Evangelio: Marcos 7, 1-13

Color litúrgico: Blanco

Lecturas de Misa del martes, 10 de febrero de 2026: Memoria de Santa Escolástica, virgen

Primera lectura

1 Reyes 8, 22-23. 27-30

El día de la dedicación del templo, Salomón, de pie ante el altar del Señor y en presencia de toda la asamblea de Israel, levantó los brazos al cielo y dijo esta oración:

"Señor, Dios de Israel, no hay Dios como tú, ni arriba en los cielos, ni aquí abajo en la tierra. Tú eres fiel a la alianza que hiciste con tus siervos, y les muestras tu misericordia, cuando cumplen de todo corazón tu voluntad.

Si ni el cielo infinito te puede contener, ¿cómo va a ser posible, Señor, que vivas en medio de los hombres y habites en esta casa que yo te he construido? Pero ciertamente atenderás a la oración de tu siervo y a su plegaria, Señor, Dios mío, y oirás el clamor y la oración que tu siervo hace hoy delante de ti: Que noche y día estén abiertos tus ojos sobre este templo, sobre este lugar, del cual has dicho: 'Yo estaré ahí'. Escucha la oración que tu siervo te dirige en este sitio.

Oye, pues, Señor, la súplica de este siervo tuyo y de tu pueblo, Israel. Cuando oren en este lugar, escúchalos desde el cielo, en donde tienes tu morada. Escúchanos y perdónanos".
 

Salmo Responsorial

Salmo 83, 3. 4. 5 y 10. 11

R. (2) Qué agradable, Señor, es tu morada.
Anhelando los atrios del Señor
se consume mi alma.
Todo mi ser de gozo se estremece
Y el Dios vivo es la causa.
R. Qué agradable, Señor, es tu morada.
Hasta el gorrión encuentra casa
y la golondrina un lugar para su nido,
cerca de tus altares,
Señor de los ejércitos, Dios mío.
R. Qué agradable, Señor, es tu morada.
Dichosos los que viven en tu casa,
te alabarán para siempre;
dichosos los que encuentran en ti su fuerza,
pues caminarán cada vez con más vigor.
R. Qué agradable, Señor, es tu morada.
Pues un día en tus atrios vale más
que mil fuera de ellos, y yo prefiero
el umbral de la casa de mi Dios
al lujoso palacio del perverso.
R. Qué agradable, Señor, es tu morada.

Aclamación antes del Evangelio

Salmo 118, 36. 29

R. Aleluya, aleluya.
Inclina, Dios mío, mi corazón a tus preceptos
y dame la gracia de cumplir tu voluntad.
R. Aleluya.

 

Evangelio

Marcos 7, 1-13

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los fariseos y algunos escribas, venidos de Jerusalén. Viendo que algunos de los discípulos de Jesús comían con las manos impuras, es decir, sin habérselas lavado, los fariseos y los escribas le preguntaron: "¿Por qué tus discípulos comen con manos impuras y no siguen la tradición de nuestros mayores?" (Los fariseos y los judíos, en general, no comen sin lavarse antes las manos hasta el codo, siguiendo la tradición de sus mayores; al volver del mercado, no comen sin hacer primero las abluciones, y observan muchas otras cosas por tradición, como purificar los vasos, las jarras y las ollas).

Jesús les contestó: "¡Qué bien profetizó Isaías sobre ustedes, hipócritas, cuando escribió: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. Es inútil el culto que me rinden, porque enseñan doctrinas que no son sino preceptos humanos. Ustedes dejan a un lado el mandamiento de Dios, para aferrarse a las tradiciones de los hombres".

Después añadió: "De veras son ustedes muy hábiles para violar el mandamiento de Dios y conservar su tradición. Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre. El que maldiga a su padre o a su madre, morirá. Pero ustedes dicen: 'Si uno dice a su padre o a su madre: Todo aquello con que yo te podría ayudar es corbán (es decir, ofrenda para el templo), ya no puede hacer nada por su padre o por su madre'. Así anulan la palabra de Dios con esa tradición que se han transmitido. Y hacen muchas cosas semejantes a ésta".


 

Reflexión

  • Muchas veces se exhibe una apariencia de virtud, sin ningún interés por la rectitud interior. El que ama a Dios se contenta con agradarlo, porque el mayor premio que podemos desear es el mismo amor (San León Magno)

  • Pidamos al Señor, por intercesión de la Virgen Santa, de darnos un corazón puro, libre de toda hipocresía para que así seamos capaces de vivir según el espíritu de la ley y alcanzar su fin, que es el amor (Francisco)

  • El cuarto mandamiento recuerda a los hijos mayores de edad sus responsabilidades para con los padres. En la medida en que ellos pueden, deben prestarles ayuda material y moral en los años de vejez y durante sus enfermedades, y en momentos de soledad o de abatimiento. Jesús recuerda este deber de gratitud (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2.218)

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