Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino

Lecturas de Misa del miércoles, 4 de febrero de 2026: Miércoles de la IV semana del Tiempo ordinario

📖✨ El Evangelio de Hoy 🙏🌟

Un Encuentro Diario con Dios 

 

Cada día es una nueva oportunidad para abrir nuestro corazón a la Palabra de Dios. El Evangelio de hoy no es solo un conjunto de versículos, sino un mensaje vivo que nos habla en lo profundo del alma, guiándonos en nuestro caminar diario. 

En medio del ajetreo y las preocupaciones de la vida, la lectura del Evangelio nos brinda un momento de paz, una pausa para reflexionar sobre lo que realmente importa. Es una luz en nuestro sendero, un recordatorio de que no estamos solos y de que Dios nos acompaña en cada paso que damos. 

Cuando meditamos en las enseñanzas de Jesús, descubrimos respuestas a nuestras inquietudes, fuerza para nuestras debilidades y amor para nuestro corazón. Sus palabras nos desafían a ser mejores, a vivir con fe, esperanza y caridad. Nos invitan a confiar en la Providencia divina y a encontrar en cada situación una oportunidad para amar y servir.

El Evangelio de hoy también es un llamado a la oración. Al escuchar la voz de Dios, podemos responderle con nuestras palabras, con nuestro silencio y con nuestras acciones. Es un diálogo constante, una relación que crece día a día. 

Que cada lectura del Evangelio nos ayude a transformar nuestro corazón y nos inspire a llevar la luz de Cristo a quienes nos rodean. Que podamos vivir con la certeza de que, sin importar las dificultades, Dios nos sostiene con Su amor infinito. 

Hoy es un día perfecto para dejarse iluminar por Su Palabra. ¡Que el Evangelio de hoy sea una bendición para ti y para todos aquellos que lo escuchan con un corazón abierto! ✝️✨📖

 

Calendario Litúrgico

Hoy: Miércoles de la IV semana del Tiempo ordinario

Lecturas y Evangelio de hoy

Primera lectura : 2 Samuel 24, 2. 9-17
Salmo Responsorial: Salmo 31, 1-2. 5. 6. 7
Aclamación antes del Evangelio: Juan 10, 27
Evangelio: Marcos 6, 1-6

Color litúrgico: Verde

Lecturas de Misa del miércoles, 4 de febrero de 2026: Miércoles de la IV semana del Tiempo ordinario

Primera lectura

2 Samuel 24, 2. 9-17

En aquellos días, el rey David dio a Joab y a los jefes del ejército que estaban con él, esta orden: “Recorran todas las tribus de Israel, desde la ciudad de Dan hasta la de Bersebá, para hacer el censo de la población, a fin de que pueda yo saber cuánta gente tengo”.

Joab entregó al rey los resultados del censo: en Israel había ochocientos mil hombres aptos para la guerra, y en Judá quinientos mil. Pero a David le remordió la conciencia por haber mandado hacer el censo y dijo al Señor: “He pecado gravemente; pero tú, Señor, perdona la culpa de tu siervo, porque he cometido una gran locura”.

Aquella misma noche el Señor le habló al profeta Gad, consejero de David, y le dijo: “Ve a ver a David y dile que yo, el Señor, le mando decir esto: ‘Te propongo tres castigos. Escoge uno y yo lo realizaré’ ”.

Por la mañana, Gad se presentó ante David y le preguntó: “¿Qué castigo prefieres; tres años de hambre en tu territorio; tres meses de huir, perseguido por tus enemigos; o tres días de peste en tus dominios? Piénsalo y dímelo, para que pueda yo contestarle al Señor, que me ha enviado”.

David le respondió: “Estoy en un gran apuro. Pero prefiero caer en manos de Dios, que es el Señor de la misericordia, que en manos de los hombres”. Y escogió la peste.

Era la época de la cosecha del trigo, cuando el Señor envió la peste sobre Israel, desde aquella misma mañana hasta el tiempo señalado. Desde Dan hasta Bersebá murieron setenta mil hombres. Pero, cuando el ángel del Señor había extendido ya su mano hacia Jerusalén, para desatar ahí la peste, el Señor tuvo compasión y le dijo: “¡Basta ya! Retira tu mano”. En ese momento, el ángel se hallaba cerca de Jerusalén, en los campos de Arauná, el yebuseo.

Entonces el rey David, angustiado por el exterminio, oró así: “Soy yo, Señor, el que ha pecado; soy yo, el pastor, quien ha obrado mal. ¿Qué culpa tienen ellos, que son las ovejas? Castígame, pues, a mí y a los míos”.
 

Salmo Responsorial

Salmo 31, 1-2. 5. 6. 7

R. (cf. 5c) Perdona, Señor, nuestros pecados.
Dichoso aquel que ha ido absuelto
de su culpa y su culpa
Dichoso aquel en el que Dios no encuentra 
ni delito ni engaño.
R. Perdona, Señor, nuestros pecados.
Ante el señor reconocí mi culpa
no oculté mi pecado.
Te confesé, Señor, mi gran delito
y tú me has perdonado.
R. Perdona, Señor, nuestros pecados.
Por eso, en el momento de la angustia, 
que todo fiel te invoque, 
y no la alcanzarán las grandes aguas, 
aunque éstats se desborden.
R. Perdona, Señor, nuestros pecados.
 

Aclamación antes del Evangelio

Juan 10, 27

R. Aleluya, aleluya.
Mis ovejas escuchan mi voz, dice el Señor;
yo las conozco y ellas me siguen.
R. Aleluya.
 

Evangelio

Marcos 6, 1-6

En aquel tiempo, Jesús fue a su tierra en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, se puso a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba se preguntaba con asombro: “¿Dónde aprendió este hombre tantas cosas? ¿De dónde le viene esa sabiduría y ese poder para hacer milagros? ¿Qué no es éste el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿No viven aquí, entre nosotros, sus hermanas?” Y estaban desconcertados.

Pero Jesús les dijo: “Todos honran a un profeta, menos los de su tierra, sus parientes y los de su casa”. Y no pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó a algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y estaba extrañado de la incredulidad de aquella gente. Luego se fue a enseñar en los pueblos vecinos.
 

Reflexión

  • En Dios el poder, la voluntad y la inteligencia, la sabiduría y la justicia son una sola cosa, de suerte que nada puede haber en el poder divino que no pueda estar en la justa voluntad de Dios o en su sabia inteligencia (Santo Tomás de Aquino)

  • Jesús de Nazaret, el carpintero, ilumina con su vida de trabajo vuestra vida de trabajadores cristianos. Vosotros iluminad también vuestro ambiente de trabajo con la luz de Cristo (San Juan Pablo II)

  • El valor primordial del trabajo atañe al hombre mismo que es su autor y su destinatario. Mediante su trabajo, el hombre participa en la obra de la creación. Unido a Cristo, el trabajo puede ser redentor (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2.460)

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