Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino

Evangelio del martes, 11 de agosto de 2026

Calendario Litúrgico del martes, 11 de agosto de 2026

Memoria de Santa Clara, virgen

Memoria

Lecturas y Evangelio de hoy

Primera lectura: Ezequiel 2, 8–3, 4
Salmo Responsorial: Salmo 118, 14. 24. 72 103. 111. 131
Aclamación antes del Evangelio: Mateo 11, 29
Evangelio: Mateo 18, 1-5. 10. 12-14

Color litúrgico: Blanco

martes, 11 de agosto de 2026: Lectura & Salmo Responsorial & Evangelio & Reflexión

Primera lectura

Ezequiel 2, 8–3, 4

Esto dice el Señor: “Hijo de hombre, escucha lo que voy a decirte y no seas rebelde como la casa rebelde. Abre la boca y come lo que voy a darte”.

Vi entonces una mano tendida hacia mí, con un libro enrollado. Lo desenrolló ante mí: estaba escrito por dentro y por fuera; tenía escritas lamentaciones y amenazas. Y me dijo: “Hijo de hombre, come lo que tienes aquí; cómete este libro y vete a hablar a los hijos de Israel”.

Abrí la boca y me dio a comer el libro, diciéndome: “Hijo de hombre, alimenta tu vientre y sacia tus entrañas con este libro que te doy”. Me lo comí y me supo dulce como la miel. Y me dijo: “Hijo de hombre, anda; dirígete a los hijos de Israel y diles mis palabras”.

Salmo Responsorial

Salmo 118, 14. 24. 72 103. 111. 131

R. (103a) Tus mandamientos, Señor, son mi alegría.
Me gozo más cumpliendo tus preceptos
que teniendo riquezas.
Tus mandamientos, Señor, so mi alegría;
ellos son también mis consejeros. R.
R. Tus mandamientos, Señor, son mi alegría.
Para mí valen más estimo tus enseñanzas
que miles de monedas de oro y plata.
¡Qué dulces al paladar son tus promesas!
Más que la miel en la boca. R.
R. Tus mandamientos, Señor, son mi alegría.
Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la alegría de mi corazón.
Hondamente suspiro, Señor,
por guardar tus mandamientos. R.
R. Tus mandamientos, Señor, son mi alegría.

Aclamación antes del Evangelio

Mateo 11, 29

R. Aleluya, aleluya.
Tomen mi yugo sobre ustedes, dice el Señor,
y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón.
R. Aleluya.

Evangelio

Mateo 18, 1-5. 10. 12-14

En cierta ocasión, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: “¿Quién es el más grande en el Reino de los cielos?”

Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y les dijo: “Yo les aseguro a ustedes que si no cambian y no se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el Reino de los cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, me recibe a mí.

Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, pues yo les digo que sus ángeles, en el cielo, ven continuamente el rostro de mi Padre, que está en el cielo.

¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿acaso no deja las noventa y nueve en los montes, y se va a buscar a la que se le perdió? Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella, que por las noventa y nueve que no se le perdieron. De igual modo, el Padre celestial no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños’’.

Reflexión

  • Soy un alma muy pequeña que sólo puede ofrecer a Dios cosas muy pequeñas (Santa Teresita de Lisieux)

  • ¿En qué consiste exactamente este ser niños? En el sentido de Jesucristo, significa aprender a decir “Padre”. Sólo si conserva la existencia filial vivida por Jesús, puede el hombre entrar con el Hijo en la divinidad (Benedicto XVI)

  • Jesús ha recordado al final de la parábola de la oveja perdida que este amor es sin excepción: ‘De la misma manera, no es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno de estos pequeños’ (Mt 18,14) (…) (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 605)

  • Santo del día

    Versículo del Día

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