Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino

Liturgia de las Horas del 19 diciembre

Calendario Litúrgico del viernes, 19 de diciembre de 2025

Viernes de la tercera semana de Adviento

Lecturas y Evangelio de hoy

Primera lectura: Jueces 13, 2-7. 24-25
Salmo Responsorial: Salmo 70, 3-4a. 5-6ab. 16-17
Aclamación antes del Evangelio:
Evangelio: Lucas 1, 5-25

Color litúrgico: Morado

Liturgia de las Horas del 19 diciembre

Viernes de la tercera semana de Adviento

La Liturgia de las Horas: Un Encuentro Diario con Dios

La Liturgia de las Horas se divide en varios momentos clave, cada uno pensado para acompañarnos a lo largo del día en nuestra oración y comunión con Dios:
 
Oficio de Lecturas – Puede rezarse en cualquier momento del día. Contiene salmos, lecturas bíblicas y textos de los Padres de la Iglesia, ofreciendo alimento espiritual para nuestra jornada.
Laudes (Oración de la Mañana) – Rezada al amanecer, es un hermoso momento de alabanza a Dios por el nuevo día que comienza.
Hora Media – Comprende Tercia (media mañana), Sexta (mediodía) y Nona (media tarde). Estas oraciones nos ayudan a permanecer en la presencia de Dios y a renovar nuestra comunión con Él durante el día.
Vísperas (Oración de la Tarde) – Se reza al atardecer y es una oportunidad para agradecer a Dios por todo lo vivido, meditando sobre Su amor y fidelidad.
Completas (Oración de la Noche) – Antes de dormir, esta oración nos invita a confiar plenamente en Dios, entregándole nuestro descanso y nuestra vida.
 
Cada momento de la Liturgia de las Horas es un susurro del alma hacia Dios, un encuentro que llena el corazón de paz y fortalece nuestra fe. Que podamos encontrar en esta hermosa tradição un camino de oración constante, dejando que Dios ilumine cada instante de nuestro día. 🙏✨

 

Elija un horario de oración durante el día.

Laudes

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Hora Tercia

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Hora Sexta

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Hora Nona

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Vísperas

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Completas

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Evangelio

Lucas 1, 5-25

Hubo en tiempo de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, del grupo de Abías, casado con una descendiente de Aarón, llamada Isabel. Ambos eran justos a los ojos de Dios, pues vivían irreprochablemente, cumpliendo los mandamientos y disposiciones del Señor. Pero no tenían hijos, porque Isabel era estéril y los dos, de avanzada edad.

Un día en que le correspondía a su grupo desempeñar ante Dios los oficios sacerdotales, le tocó a Zacarías, según la costumbre de los sacerdotes, entrar al santuario del Señor para ofrecer el incienso, mientras todo el pueblo estaba afuera, en oración, a la hora de la incensación.

Se le apareció entonces un ángel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías se sobresaltó y un gran temor se apoderó de él. Pero el ángel le dijo: “No temas, Zacarías, porque tu súplica ha sido escuchada. Isabel, tu mujer, te dará un hijo, a quien le pondrás el nombre de Juan. Tú te llenarás de alegría y regocijo, y otros muchos se alegrarán también de su nacimiento, pues él será grande a los ojos del Señor; no beberá vino ni licor y estará lleno del Espíritu Santo, ya desde el seno de su madre. Convertirá a muchos israelitas al Señor; irá delante del Señor con el espíritu y el poder de Elías, para convertir los corazones de los padres hacia sus hijos, dar a los rebeldes la cordura de los justos y prepararle así al Señor un pueblo dispuesto a recibirlo”.

Pero Zacarías replicó: “¿Cómo podré estar seguro de esto? Porque yo ya soy viejo y mi mujer también es de edad avanzada”. El ángel le contestó: “Yo soy Gabriel, el que asiste delante de Dios. He sido enviado para hablar contigo y darte esta buena noticia. Ahora tú quedarás mudo y no podrás hablar hasta el día en que todo esto suceda, por no haber creído en mis palabras, que se cumplirán a su debido tiempo”.

Mientras tanto, el pueblo estaba aguardando a Zacarías y se extrañaba de que tardara tanto en el santuario. Al salir no pudo hablar y en esto conocieron que había tenido una visión en el santuario. Entonces trató de hacerse entender por señas y permaneció mudo.

Al terminar los días de su ministerio, volvió a su casa. Poco después concibió Isabel, su mujer, y durante cinco meses no se dejó ver, pues decía: “Esto es obra del Señor. Por fin se dignó quitar el oprobio que pesaba sobre mí”.

📖 Evangelio de hoy
🙏 Hora Nona
📅 Calendario Litúrgico