Santo del 20 de marzo
Conozca la Historia y la Devoción
El día 20 de marzo, la Iglesia Católica celebra la vida y el legado de santos y beatos que marcaron la historia de la fe con su ejemplo de amor a Dios y al prójimo. En esta fecha especial, recordamos su trayectoria, milagros y enseñanzas, que continúan inspirando a los fieles en todo el mundo.
Acompáñenos a conocer la historia del Santo del 20 de marzo, descubra sus virtudes y profundice en la espiritualidad cristiana a través de oraciones y reflexiones. ¡Que su testimonio de fe fortalezca nuestro camino diario!
A finales del siglo XIV, en Praga, s. Juan Nepomuceno sufrió el martirio. Humilde sacerdote y predicador de la corte del rey Wenceslao IV, se opuso firmemente, pagando con su vida, a las abusivas pretensiones del monarca que violaban el carácter sagrado de la Confesión y la libertad de la Iglesia.
Leer todo...
Vivió en el siglo VI, Juan, originario de Spoleto, Umbría, se convirtió en abad de la abadía de San Esteban de Parrano, cerca de Nocera Umbra, y allí instruyó y educó a muchos jóvenes monjes en la devoción particular a Dios Padre, por medio del silencio contemplativo y de una oración muy afectiva.
Calendario Litúrgico
20 de marzo: Viernes de la IV semana de Cuaresma
Lecturas y Evangelio de hoy
Primera lectura :
Sabiduría 2, 1. 12-22
Aclamación antes del Evangelio:
Mateo 4, 4
Evangelio:
Juan 7, 1-2. 10. 25-30
Color litúrgico: Purple
Reflexión
Muchas veces, buscar a Jesús es un bien porque es la misma cosa que buscar la Palabra, la verdad y la sabiduría. Mientras guardamos la semilla de la verdad depositada en nuestra alma, y los mandamientos, la Palabra no se alejará de nosotros (Orígenes)
La libertad no es poder hacer siempre lo que se quiere: esto nos vuelve cerrados, distantes y nos impide ser amigos abiertos y sinceros. La libertad es el don de poder elegir el bien: esto es libertad (Francisco)
Como los profetas anteriores a Él, Jesús profesó el más profundo respeto al Templo de Jerusalén. Fue presentado en él por José y María cuarenta días después de su nacimiento. A la edad de doce años, decidió quedarse en el Templo para recordar a sus padres que se debía a los asuntos de su Padre. Durante su vida oculta, subió allí todos los años al menos con ocasión de la Pascua; su ministerio público estuvo jalonado por sus peregrinaciones a Jerusalén con motivo de las grandes fiestas judías (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 583)