Santo del 16 de marzo
Conozca la Historia y la Devoción
El día 16 de marzo, la Iglesia Católica celebra la vida y el legado de santos y beatos que marcaron la historia de la fe con su ejemplo de amor a Dios y al prójimo. En esta fecha especial, recordamos su trayectoria, milagros y enseñanzas, que continúan inspirando a los fieles en todo el mundo.
Acompáñenos a conocer la historia del Santo del 16 de marzo, descubra sus virtudes y profundice en la espiritualidad cristiana a través de oraciones y reflexiones. ¡Que su testimonio de fe fortalezca nuestro camino diario!
Antiguos documentos atestiguan el martirio del obispo Hilario y del diácono Taziano el 16 de marzo de 284. Sus reliquias, guardadas primero en Aquileia, se trasladaron a Grado por temor a los Longobardos. Se les dedicó una iglesia, luego catedral, en la ciudad de Gorizia de la que son patronos.
Calendario Litúrgico
16 de marzo: Lunes de la IV semana de Cuaresma
Lecturas y Evangelio de hoy
Primera lectura :
Isaías 65, 17-21
Aclamación antes del Evangelio:
Cfr Amós 5, 14
Evangelio:
Juan 4, 43-54
Color litúrgico: Purple
Reflexión
En el caso del centurión romano la fe era ya robusta, por eso Jesús prometió ir para que nosotros aprendamos de la devoción de aquel hombre; aquí la fe era todavía imperfecta, y no sabía con claridad que Jesús podía curar estando lejos: así que el Señor, negándose a bajar, quiso con esto enseñar a tener fe (San Juan Crisóstomo)
¿Creéis que Dios no nos escucha, si le rezamos con insistencia? Él escucha siempre y conoce todo de nosotros, con amor. Nosotros luchamos con Él al lado, y nuestra arma es precisamente la oración, que nos hace sentir su presencia junto a nosotros (Francisco)
Los Evangelios fueron escritos por hombres que pertenecieron al grupo de los primeros que tuvieron fe y quisieron compartirla con otros. Habiendo conocido por la fe quién es Jesús, pudieron ver y hacer ver los rasgos de su Misterio durante toda su vida terrena (…). A través de sus gestos, sus milagros y sus palabras, se ha revelado que ‘en Él reside toda la plenitud de la Divinidad corporalmente’ (Col 2,9) (…). Lo que había de visible en su vida terrena conduce al misterio invisible de su filiación divina y de su misión redentora (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 515)