Santo del 17 de noviembre
Conozca la Historia y la Devoción
El día 17 de noviembre, la Iglesia Católica celebra la vida y el legado de santos y beatos que marcaron la historia de la fe con su ejemplo de amor a Dios y al prójimo. En esta fecha especial, recordamos su trayectoria, milagros y enseñanzas, que continúan inspirando a los fieles en todo el mundo.
Acompáñenos a conocer la historia del Santo del 17 de noviembre, descubra sus virtudes y profundice en la espiritualidad cristiana a través de oraciones y reflexiones. ¡Que su testimonio de fe fortalezca nuestro camino diario!
Cuando muere a los 24 años, en 1231, Isabel ya es “Santa” para muchos. Casada a los 14, madre a los 15 y viuda a los 20. Elige la pobreza franciscana de la Tercera Orden. Visita y asiste a los enfermos, también a los repugnantes, sin darle importancia a su linaje de soberana del trono de Hungría.
Romano era diácono de la Iglesia de Cesarea; al inicio de la persecución de Diocleciano del 303 vio que los fieles cristianos se rendían a las órdenes imperiales que exigían honrar a los falsos dioses. Fue arrestado y murió como mártir por haberlos exhortado a perder el miedo y mantener pura la fe.
Calendario Litúrgico
17 de noviembre: Memoria de Santa Isabel de Hungría, religiosa
Memorial
Lecturas y Evangelio de hoy
Primera lectura:
Apocalipsis 3, 1-6. 14-22
Aclamación antes del Evangelio:
Cfr 1 Juan 4, 10
Evangelio:
Lucas 19, 1-10
Color litúrgico: White
Reflexión
Lo que se lleva a cabo con una disposición de ánimo triste y forzado no merece gratitud ni tiene nobleza. De manera que, cuando hacemos el bien, hemos de hacerlo, no tristes, sino con alegría (San Gregorio Nacianceno)
“Vida eterna” trata de dar un nombre a esta “desconocida realidad conocida”. Sería el momento del sumergirse en el océano del Amor infinito. Podemos únicamente tratar de pensar que este momento es la vida en sentido pleno. Tenemos que pensar en esta línea si queremos entender el objetivo de la esperanza cristiana (Benedicto XVI)
La comunión nos separa del pecado. El Cuerpo de Cristo que recibimos en la comunión es ‘entregado por nosotros’, y la Sangre que bebemos es ‘derramada por muchos para el perdón de los pecados’. Por eso la Eucaristía no puede unirnos a Cristo sin purificarnos al mismo tiempo de los pecados cometidos y preservarnos de futuros pecados (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1.393)