Santo del 31 de marzo
Conozca la Historia y la Devoción
El día 31 de marzo, la Iglesia Católica celebra la vida y el legado de santos y beatos que marcaron la historia de la fe con su ejemplo de amor a Dios y al prójimo. En esta fecha especial, recordamos su trayectoria, milagros y enseñanzas, que continúan inspirando a los fieles en todo el mundo.
Acompáñenos a conocer la historia del Santo del 31 de marzo, descubra sus virtudes y profundice en la espiritualidad cristiana a través de oraciones y reflexiones. ¡Que su testimonio de fe fortalezca nuestro camino diario!
Hija del tribuno romano Quirino, fue bautizada, cuenta la tradición, por el Papa Alejando I junto con su padre convertido al cristianismo. Arrestada con su padre por orden del emperador Adrián, fue decapitada después de largas torturas alrededor del 130 y sepultada en la vía Apia
También en Persia los primeros cristianos eran mal vistos. En el 420 Benjamín, diácono de Ergol, fue martirizado. Según la tradición, fue víctima de una represalia después de que los cristianos habían destruído el templo del dios del fuego. Benjamín no abjuró y pereció junto a un grupo de fieles.
Calendario Litúrgico
31 de marzo: Martes de la semana santa
Lecturas y Evangelio de hoy
Primera lectura :
Isaías 49, 1-6
Aclamación antes del Evangelio:
Evangelio:
Juan 13, 21-33. 36-38
Color litúrgico: Purple
Reflexión
Para mí es mejor morir en Jesucristo que ser rey de los términos de la tierra. Quiero a Aquel que murió por nosotros; quiero a Aquel que resucitó por nosotros… Permitidme ser imitador de la pasión de mi Dios (San Ignacio de Antioquía)
El Cenáculo nos recuerda la comunión, la fraternidad, la armonía, la paz entre nosotros. ¡Cuánto amor, cuánto bien ha brotado del Cenáculo! ¡Cuánta caridad ha salido de allí! Todos los santos han bebido de aquí (Francisco)
En la Pasión, la misericordia de Cristo vence al pecado. En ella, es donde éste manifiesta mejor su violencia y su multiplicidad: incredulidad, rechazo y burlas (…). Sin embargo, en la hora misma de las tinieblas y del príncipe de este mundo, el sacrificio de Cristo se convierte secretamente en la fuente de la que brotará inagotable el perdón de nuestros pecados (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1.851)